La uropatía obstructiva ocurre cuando algo bloquea el paso normal de la orina y esta se acumula, provocando hidronefrosis (riñón hinchado) y, si no se resuelve, insuficiencia renal. En el contexto oncológico, tumores pélvicos o retroperitoneales pueden comprimir o invadir los uréteres y la vejiga, creando un “tapón” que impide que la orina fluya libremente.
Este último capítulo de nuestra serie sobre salud renal oncológica se conecta con lo que ya aprendiste sobre onco‑nefrología, nefrotoxicidad por medios de contraste, síndrome de lisis tumoral y el ajuste de quimioterapia según función renal. Comprender la uropatía obstructiva te ayudará a detectar señales tempranas, buscar ayuda a tiempo y proteger tus riñones mientras combates el cáncer.
¿Qué es la uropatía obstructiva?
La uropatía obstructiva es cualquier bloqueo parcial o total del tracto urinario que hace que la orina “retroceda” hacia los riñones. Este estancamiento eleva la presión dentro de las vías urinarias, inflama el tejido renal y, con el tiempo, reduce la capacidad de filtrado.
En los pacientes con cáncer, la obstrucción puede ser rápida o progresiva, dependiendo del crecimiento tumoral y de los tratamientos recibidos. Identificarla pronto es crucial porque la lesión renal que ocasiona suele ser reversible en las primeras semanas, pero puede volverse permanente si se retrasa la descompresión.

Causas en pacientes con cáncer
Cuando hablamos de cáncer, la uropatía obstructiva suele derivarse de la relación íntima entre tumores y estructuras urinarias. Primero, los tumores sólidos pélvicos pueden “aplastar” los uréteres; segundo, las masas retroperitoneales (incluyendo ganglios linfáticos) pueden rodearlos como un anillo; y tercero, la infiltración directa del tumor a la pared ureteral o vesical genera estrecheces críticas.
Los mecanismos varían, pero el efecto final es idéntico: bloqueo mecánico del flujo urinario. Conocer las causas más frecuentes orienta a tu equipo a actuar antes de que el daño avance.
Principales tumores y mecanismos de obstrucción
- Cáncer de próstata y de cérvix: compresión externa de los uréteres pélvicos.
- Tumores de vejiga: invasión directa de la salida vesical.
- Cáncer colorrectal, de ovario o sarcomas retroperitoneales: desplazamiento y oclusión ureteral.
- Metástasis ganglionares: “anillo” de tejido maligno que rodea el uréter.
- Fibrosis post‑radioterapia: cicatrización que estrecha las vías urinarias.
Aunque cada tumor actúa de modo diferente, todos pueden terminar bloqueando la orina y comprometiendo la función renal. Por eso, incluso después de vencer el cáncer, hay que vigilar posibles estenosis tardías producidas por la radiación o la cirugía.
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Manifestaciones clínicas y riesgo de lesión renal
Los primeros síntomas pueden pasar desapercibidos: sensación de peso en el flanco, orina espumosa o disminución del chorro. Cuando la presión aumenta, aparece dolor tipo cólico, náuseas y a veces fiebre por infección asociada.
La lesión renal post‑renal avanza rápido. Si un solo riñón se obstruye, el contralateral compensa durante un tiempo; pero si ambos lados sufren o el paciente ya tiene enfermedad renal crónica, la creatinina se dispara y surgen complicaciones como hipertensión y sobrecarga de líquidos. La moraleja: no ignores cambios leves en el patrón de orina.
Diagnóstico
El diagnóstico combina hallazgos clínicos, laboratorio e imagen. Analíticamente, vemos creatinina elevada y, a veces, leucocitosis si existe infección. La ecografía es la primera prueba: detecta hidronefrosis y orienta al nivel del bloqueo. La tomografía sin contraste o la resonancia magnética detallan la ubicación exacta y la causa, sin añadir riesgo de nefrotoxicidad por contraste en pacientes vulnerables.
Cuando el origen no queda claro, tu urólogo puede realizar una urografía retrógrada o insertar un catéter doble J para visualizar la obstrucción desde dentro. Lo importante es actuar rápido: cada día de retraso en la descompresión reduce la probabilidad de recuperación renal completa.
Pruebas clave para confirmar la uropatía obstructiva
- Ecografía renal y vesical para ver hidronefrosis.
- Tomografía abdominal (sin contraste cuando hay riesgo renal) para localizar la obstrucción.
- Analítica sanguínea y de orina para evaluar creatinina, leucocitos y signos de infección.
Una vez identificada la causa, el equipo multidisciplinario traza el plan de descompresión más adecuado.
Tratamiento y descompresión
La meta inicial es restaurar el flujo urinario y evitar que la presión siga dañando el riñón. Las opciones varían según la localización y el estado del paciente.
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Estrategias habituales de descompresión
- Stent ureteral (catéter doble J): se coloca desde vejiga hasta riñón para mantener abierto el conducto.
- Nefrostomía percutánea: se inserta un tubo a través de la piel directamente al riñón para drenar la orina.
- Cirugía reconstructiva o resección tumoral: indicada cuando el bloqueo es irreductible o se busca curar la causa.
Antes y después de la descompresión, se administra antibiótico si hay infección y se corrigen electrolitos. Recuperar la función renal puede tardar días o semanas; por eso el seguimiento con nefrología es esencial.
Seguimiento y pronóstico a largo plazo
Después del procedimiento, la Dra. Villanueva revisará tu creatinina y realizará imágenes de control para confirmar que el flujo se mantiene. La frecuencia de las revisiones depende de la causa y de si el stent o la nefrostomía son temporales o permanentes.
En la mayoría de los casos, la función renal mejora significativamente, sobre todo si la intervención se realiza en las primeras dos semanas de la obstrucción. Sin embargo, los pacientes oncológicos deben estar atentos a recidivas, infecciones y estenosis tardías relacionadas con radioterapia. Mantener un plan de controles evita sorpresas desagradables y prolonga la vida útil de tus riñones.
Conclusión
La uropatía obstructiva en el cáncer es un obstáculo serio, pero controlable. Detectar síntomas tempranos, confirmar el diagnóstico con ecografía o tomografía y actuar con un stent o nefrostomía pueden salvar tu función renal y permitirte continuar tu lucha oncológica sin contratiempos. Este artículo es informativo y no sustituye una valoración individual; ante cualquier molestia o cambio en tu orina, consulta de inmediato a tu especialista.
Si quieres profundizar en otros temas, visita nuestros artículos sobre onco‑nefrología, nefrotoxicidad por medios de contraste, síndrome de lisis tumoral, ajuste de quimioterapia según función renal, así como nuestras guías sobre infecciones de vías urinarias y piedra en los riñones.